‘no esperes’

Hoy es la primera vez que escribo en el blog desde que mi madre murió. Hoy es su cumpleaños, y me impresiona lo presente que puede estar alguien después de que se va. También me impresiona lo poco que se habla de la muerte -al menos en la cultura occidental-, el acontecimiento más natural y seguro al que todos estamos invitados, sin posibilidad de rechazar la cita.

Hoy también vi Translúcido, una película que quería y temía ver, escrita, producida, y dirigida, entre otras tareas, por mi pana de los tiempos teatrales, Leo (Zelig) junto a un equipo pluricultural muy talentoso. ¿De qué va? Yo creo que de la muerte como derecho, como acto de valentía, de libertad, por un lado, y del amor, el coraje de acompañar a quien decide adelantar la partida, por otro. Pero sobre todo, creo que habla de la muerte como acto de amor a la vida.

Pienso que somos a veces tan poquitos, tan incapaces de dar dimensión honesta a lo que nos pasa, a lo que nos rodea, tan ciegos-a-juro, que la idea de la muerte nos inmoviliza, nos bloquea, nos mata un poco. Una idea que (nos) debería servir para amar mucho, andar mucho, erizar(se) mucho, orgasmar mucho, agradecer mucho, tropezar mucho, palpitar mucho, danzar mucho, equivocar(se) mucho, merecer mucho, compartir mucho, estar mucho, mucho.

Acompañar a alguien a morir es lo más difícil, relevante y amoroso que he hecho. Y lo volvería a hacer. Es una marca, una huella, una cicatriz reciente que todavía duele y que llevaré siempre con profunda gratitud. Como dice una canción que adoro, y que es parte del soundtrack de la peli:

“Que me lleve lo oscuro
y que rompa en pedazos
sobre mí la eternidad.

Que me arrastre la marea
tengo los brazos abiertos
hoy me entrego a naufragar.

No hace falta más
estos dedos te tocaron
esta boca te besó.”

Nada, si llegaron hasta aquí, además de darles las gracias les recomiendo que vayan a ver Translúcido, que estrenó ayer en Venezuela (o estén pendientes para cuando esté en cartelera en sus países). Y no esperen para hacer aquello que les palpita en el estómago, que es el verdadero corazón, donde revolotean las mariposas.

Gracias, Leo. ¡Mucha mierda!

¡Feliz cumple, mami!

Aquí la canción, que suena mientras escribo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s